Noches moradas
A partir de las diez la lámpara tiñe la habitación entera y ahí es cuando por fin me siento yo. Cascos puestos, móvil boca abajo, mundo en pausa.
Nocturna por vocación, con una lámpara que lo pinta todo de morado y una taza de té que siempre se me enfría. Aquí guardo mis momentos pequeños: noches tranquilas, descansos entre apuntes y la canción que llevo toda la semana repitiendo. Ponte cómodo y quédate un rato. ♡
besitos, Elena
Monté este rinconcito para tener todas mis cosas favoritas en un mismo sitio. Piénsalo como mi diario online: mitad noches moradas, mitad subrayadores de colores, y un montón de darle vueltas a todo a las tres de la mañana.
A partir de las diez la lámpara tiñe la habitación entera y ahí es cuando por fin me siento yo. Cascos puestos, móvil boca abajo, mundo en pausa.
Cuatro colores de subrayador, fichas por todas partes y una taza de té que descubro fría dos horas más tarde. Siempre voy tres temas por detrás.
Partidas que pierdo, grupos de los que nunca me salgo y opiniones muy firmes sobre la piña en la pizza. Y no las pienso cambiar.
Las últimas historias pequeñas, directas de mi cabeza a tu pantalla.
Noches
Casi medianoche, la luz morada encendida y yo como única persona despierta del piso. Creo que es mi hora favorita del día.
Hay un momento sobre las once y cuarenta en el que el edificio por fin se asienta. No hay pasos arriba, ni puertas, ni notificaciones que merezcan respuesta. Solo mi lámpara pintándolo todo de morado y el ventilador haciendo su ruidito lento en la esquina.
Nunca lo planeo. Digo que cierro el portátil a las diez y acabo releyendo el mismo párrafo cuatro veces, encontrando una playlist que no escuchaba desde el invierno pasado, y de repente es tarde de esa manera blandita que no parece un error. Me recojo el pelo, me hago una foto que probablemente no suba y me siento con las rodillas encogidas en la silla, como si todavía tuviera quince años.
Creo que me gusta esta hora porque en ella nadie necesita nada de mí. De día soy la callada, la que pide perdón por ocupar sitio. A medianoche soy solo una chica en una habitación morada con el té frío, y con eso me sobra.
Mañanas lentas
Dormí bien por primera vez en toda la semana y me desperté sinceramente confundida sobre qué hacer con tanta energía.
Ocho horas. No creo que me pasara desde que empezó el curso. Me desperté antes de la alarma, cosa que no ocurre nunca, y me quedé ahí tumbada un rato sin hacer absolutamente nada, cosa que ocurre todavía menos.
Hice té, me olvidé de él, lo encontré dos horas después en el alféizar y me lo bebí frío igualmente porque por lo visto esa soy yo ahora. Subí la persiana del todo, que tampoco es habitual. La luz de esta habitación antes del mediodía es otra cosa: nada de morado, luz normal y corriente, y mis plantas se pusieron tan contentas que hasta me dio un poco de vergüenza.
Los días así siempre me hacen prometerme que me voy a volver madrugadora. No lo voy a hacer. Pero está bien pasarse a visitarlo.
Victorias pequeñas
Once meses ahí colgada con la etiqueta todavía puesta, esperando una ocasión que no iba a venir a buscarla.
La compré en octubre, me la probé una vez, decidí que era "para algo especial" y después no tuve ningún algo especial. Once meses. Con la etiqueta puesta.
Así que el martes, sin ningún motivo, me la puse para no hacer absolutamente nada. Bajé a la tienda, volví, me hice pasta. Y me sentí bien todo el rato, que es lo que me molesta, porque significa que perdí once meses esperando un permiso que me lo tenía que dar yo.
Norma nueva por aquí: la cosa bonita se usa en el día normal. Esa es la norma entera. Y estoy bastante orgullosa de ella.
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